Pero el objetivo final es crear una tecnología con la cual los movimientos del cuerpo humano puedan abastecer de energía a aparatos medicinales implantados o a electrónica portátil. Es posible la aparición de ropa que genere energía por sí misma.
El mecanismo funciona gracias a nanotubos de óxido de zinc que generan energía al doblarse -tensarse o flexionarse-. Millones de estos nanotubos están incluidos en un nanogenerador, pero son tan pequeños que en un cabello humano se pueden poner hasta 500 nanotubos. Actualmente cinco nanogeneradores crean una corriente con una tensión de tres voltios y una intensidad de un microamperio, lo que es semejante a la tensión de dos pilas tipo AA. Para activizar el proceso basta apretar los nanogeneradores con los dedos.
Así, no se excluye que en el futuro la electrónica se vea liberada de redes y pilas, y se alimente con cualquier movimiento de un hombre que suba escaleras, camine por la calle o simplemente mueva los dedos en la pantalla sensorial.


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